Capítulo 42
Viviana no esperaba aquella respuesta de Federico. Apretó los labios y bajó la mirada con timidez. —Yo... no tengo prisa por volver. ¿Podemos... dar un paseo?
Los ojos alargados de Federico no contenían ni un rastro de calidez, tan fríos como un lago en pleno invierno. —Lo siento, no tengo tiempo.
Viviana levantó la cabeza de inmediato. Un rubor avergonzado le subió a las mejillas, dejándola sin saber qué hacer. —Yo... bueno... pensé que lo sabías, que hoy... que teníamos una cita.
—No lo sabía —replicó Federico con la misma frialdad impasible.
—Pero ahora que lo sabes, entonces nosotros...
Las palabras de Viviana quedaron a medio decir. Federico la interrumpió con una voz grave, baja y distante, como un balde de agua helada cayendo sobre ella. —No me interesa.
Viviana quedó rígida en su sitio.
Federico no volvió a mirarla. Simplemente pasó junto a ella y subió al auto.
El Cullinan negro se alejó velozmente.
Viviana quedó allí, abandonada bajo el viento cortante, con la cara lívida.
Cu

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