Capítulo 47
Gisela y Federico terminaron de recorrer la exposición y se dispusieron a ir a cenar.
Mientras bajaban hacia el estacionamiento subterráneo, dos chicas venían en sentido contrario. Una de ellas exclamó, sorprendida: —¿¡Señor Federico!?
Gisela se quedó atónita y alzó la mirada.
La chica observó, completamente impactada, a Federico y luego a Gisela.
—¡De verdad es usted, señor Federico! Pensé que me había equivocado, ¡qué coincidencia! —dijo, y enseguida dirigió sus ojos hacia Gisela—. ¿Y ella es...?
—Mi esposa —respondió Federico sin la menor alteración.
—Ah, así que es su esposa... —La chica se detuvo un instante y, de pronto, reaccionó alzando la voz—. ¡¿Qué?! ¡¿Esposa?!
Federico asintió con calma. —Sí.
Las pupilas de la chica temblaron como si hubiera visto un espejismo.
Gisela curvó los labios en una sonrisa y la saludó con cortesía. —Hola.
La chica tragó saliva y volvió en sí. —Ho-hola, señora.
Cuando Federico y Gisela se alejaron, la chica empezó a sacudir con fuerza a su acompaña

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