Capítulo 50
Su mirada recorrió todo el salón del banquete, sin encontrar rastro de Felipe.
En el tranquilo jardín detrás del edificio de recepciones del hotel,
Felipe estaba apoyado bajo un árbol, encendiendo un cigarrillo.
Abrió la pantalla del celular y revisó los mensajes, Gisela seguía sin responder.
Durante el banquete, cuando los invitados les deseaban a él y a Adriana felicidad eterna y pronta descendencia, solo podía pensar en Gisela.
Gisela, ¿dónde estás?
¿Por qué, aun sabiendo que hoy me comprometo, eres capaz de permanecer tan impasible?
¿De verdad... ya no te importo para nada?
Solo con imaginar que el resto de su vida quedaría atado a Adriana, Felipe sentía una irritación insoportable.
No quería.
Pero a nadie parecía importarle lo que él quería.
Siempre creyó que sus padres lo amaban, pero cuando sus propios intereses entraron en juego, Felipe por fin lo comprendió: en su corazón solo existía el beneficio.
Era como si solo Gisela lo hubiera amado alguna vez de manera pura, sin pedir n

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