Capítulo 165
Apreté los dientes y, palabra por palabra, le espeté: —¡Dices que fue una declaración de amor, pero tus actos fueron puro acoso! ¡Incluso intentaste emborracharla, y ahora lo niegas? ¡Eres repugnante!
Ignacio se mostraba cada vez más nervioso; al oírme, de pronto se detuvo y, con tono de obviedad, respondió: —Ya lo he dicho: en aquel entonces solo era joven y temerario. No tenía juicio, por eso usé métodos equivocados. Es cierto que quería conquistarla, pero ahora he madurado y jamás volvería a hacer algo así. ¿Acaso no se le permite a una persona reconocer sus errores y enmendarlos? Además, ¡tampoco fue un crimen tan grave!
Su expresión volvió a esa mueca cínica y despreocupada. —¿Dices que la forcé? ¿Tienes pruebas? Sí, me dejé llevar, pero jamás la obligué.
Inspiré hondo y, con un impulso, avancé para golpearlo.
Él retrocedió un paso y gritó enseguida: —¿Y todavía quieres pegarme? ¿No sabes que está mal usar la violencia? ¡Todos miren bien, fue ella quien empezó! Aunque acabemos en

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