Capítulo 209
Salvatore se acercó a mí de inmediato. —Bibi.
Me llamó con una ternura inédita en su voz.
Arrugue la frente, sin demasiada paciencia. —¿Has venido a traerme el acuerdo de divorcio?
Su sonrisa se congeló un instante, pero pronto volvió a la normalidad. Evitó deliberadamente el tema y, no sé de dónde, sacó un enorme ramo de rosas.
—Bibi, ¿te gustan?
A nuestro alrededor estallaron murmullos de asombro.
Eran todos compañeros a quienes conocía bien. Durante este tiempo, a causa de mi amnesia, no me había atrevido a acercarme demasiado a ellos. Jamás habría imaginado que Salvatore hiciera un gesto tan cursi.
Respondí casi por instinto: —No me gustan las rosas, las detesto.
Aunque lo negara con palabras, al verlas sentí un salto de alegría en el corazón.
Al final, sí me gustaban las rosas.
Eso me sorprendió mucho, porque a los dieciocho años no me gustaba ninguna flor.
El público que observaba la escena se agolpaba cada vez más, y yo me sentía incómoda. Le pedí a Salvatore que se marchara ens

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