Capítulo 25
Salvatore me miró con esos ojos oscuros y profundos, y, antes de que pudiera reaccionar, volvió a darme un golpe seco en las nalgas.
Aquel sonido nítido me llenó de una furia y una sorpresa indescriptibles.
¡Había golpeado mi trasero!
Lo miré incrédula, con la mirada cargada de rencor, y justo cuando intentaba incorporarme, Salvatore me volvió a empujar contra la cama.
Me observó con seriedad. —No me tomes a la ligera en algo así.
Clavó sus ojos en los míos. —Si te has lastimado o no, tienes que decírmelo, ¿me oyes?
Apreté los dientes. —¡Salvatore, ¿es que no entiendes español?!
Inspiré hondo, y, antes de que pudiera decir lo que tenía en mente, él, como si supiera lo que iba a decir, me tapó la boca con la mano, se tumbó detrás de mí y me atrajo hacia sí de un solo movimiento.
Quedé aprisionada en sus brazos, incapaz de moverme.
Salvatore rodeó mi cintura, y su aliento, ardiente, se derramó tras mi oreja. —Mañana te llevaré primero al hospital para hacerte un chequeo; si no hay nada g

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