Capítulo 33
¿Por qué empeñarte en divorciarte?
¿A estas alturas todavía no sabes por qué quiero divorciarme?
De pronto, su actitud me resultó tan absurda que solté una risa cargada de rabia; sin embargo, enseguida me serené por completo y le dije: —Ya no siento nada por ti. Cada día contigo es peor que la muerte.
Con el tono más calmado, pronuncié esas palabras crueles.
Como era de esperar, la densa neblina en los ojos de Salvatore pareció desgarrarse bajo el filo de mi voz.
Permaneció en silencio mucho tiempo, hasta que, con una sonrisa teñida de ironía y apretando los dientes, dijo: —Muy bien. Quieres divorciarte, pues sigamos el acuerdo.
Nuestro acuerdo prenupcial establecía que, si yo pedía el divorcio por iniciativa propia, debía indemnizarlo con quince millones de dólares.
Apreté los dientes y me lancé de lleno. —¿Crees que no puedo ganar quince millones de dólares? ¡Te demostraré que sí!
Salvatore respondió: —Lo esperaré con ansias.
—Cuando gane esa cantidad, ¿te divorciarás de mí sin poner

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