Capítulo 40
No sabía por qué, pero jamás se me pasó por la cabeza dudar de nada de lo que decía Carmen; simplemente, de forma inexplicable, le tenía confianza.
Ella me llevó directamente a la bodega de vinos y, al abrir la puerta, me quedé boquiabierta de la sorpresa...
—¿Esto es una bodega vinícola?
Carmen sonrió. —De verdad lo has olvidado todo. Hubo un tiempo en que tú y Salvatore se llevaban muy bien; él mismo te enseñó a preparar cócteles, y esta bodega fue diseñada especialmente para ti.
Lo que dijo me resultaba tan lejano como desconocido.
—¿Pero no nos llevábamos muy mal?
Me froté la cabeza. —Incluso llegué a intentar suicidarme por él, ¿y aun así hubo una época en la que nos llevábamos bien?
La mirada de Carmen vaciló un instante antes de suavizar su expresión. Me observó y dijo: —En aquel entonces, ustedes acababan de casarse; la relación era buena. Fue después, con la aparición de Valeria, que empezaron las discusiones...
—En realidad, es fácil de imaginar: si desde el principio no se h

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