Capítulo 5
Cipriano arrugó la frente, molesto, y miró al asistente.
—¿Cómo es posible? ¿Por qué estás tan nervioso?
Luego giró la cabeza; en sus ojos se reflejaba una profunda decepción, y habló con un tono cargado de reproche.
—Amelia, ¿qué clase de tonterías estás haciendo? ¿Cuándo vas a corregir ese carácter caprichoso de señorita rica?
—La familia Domenza ya no es la familia Domenza de antes, la que te respaldaba en todo.
—La familia Toráñez tampoco es la familia Toráñez de antes, a la que cualquiera podía manipular.
Cipriano no se tomó en absoluto en serio las palabras del asistente.
Incluso pensó que no eran más que una rabieta mía para llamar la atención.
El asistente de Cipriano sostenía la tableta con las manos temblorosas.
—Y... y también han llegado avisos de cobro del banco... n-nosotros, nosotros tenemos la cadena de capital completamente rota.
—Dicen... dicen que es una decisión de los Domenza.
El brazo con el que Cipriano sujetaba a Rosario se quedó rígido de golpe.
Giró lentamente

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