Capítulo 192
Julio no pudo detenerla.
Santos y Gerardo lanzaron una mirada fulminante al estúpido Julio.
Él también se sintió impotente; con la capacidad de lucha de Ana, ni hablar de él, ni siquiera Santos y Gerardo podrían detenerla.
Ana entró y vio aquella escena caótica.
El suelo estaba cubierto de sangre.
Orlando, en un estado miserable.
Fabiola gritando y resistiéndose.
"¿Qué había pasado?"
La mirada de Ana recorrió rápidamente todo aquello y se detuvo en Pablo.
Corrió hasta él y lo sostuvo con la mano.
Después de unos días sin verlo, Pablo parecía haber envejecido un poco; Ana no pensó en otra cosa y, preocupada, le preguntó: —Abuelo Pablo, ¿está usted bien?
Ante todo ese caos sangriento, lo que más le importaba a Ana era Pablo.
La mirada del anciano se suavizó ligeramente y estaba a punto de responder.
Pero la voz fuerte de Fabiola interrumpió sus palabras. —¡Javier, yo no cambié la medicina que salvaba a papá! No hice nada, ¿con qué derecho me echas? Sé lo que quieres decir: eliminaste a O

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