Capítulo 30 ¿Te hemos tratado tan mal en esta casa?
Quien había hablado no era otra que Marcela.
Cada vez que recordaba lo ocurrido aquel día, la ira le volvía a subir al pecho.
¡Delante de Carlos, Mariana se había atrevido a dejarla en evidencia, sin mostrarle el menor respeto! Simplemente no la había tomado en cuenta.
Mariana solo le lanzó una mirada indiferente a Marcela antes de dirigir la vista hacia el abuelo Montoya, quien presidía el sofá principal.
Se acercó a él con una sonrisa dulce y lo llamó con cariño: —Abuelo.
—Siéntate. —Dijo el abuelo Montoya con una sonrisa, señalando el lugar a su lado.
Mariana obedeció y se sentó.
El abuelo la observó con detenimiento, recorriéndola con la mirada de pies a cabeza. Tras asentir un par de veces, dijo con evidente pesar: —Nieta querida, estos tres años que estuviste sola afuera... debieron ser muy duros para ti.
A Mariana se le llenaron los ojos de amargura.
En toda la familia, el abuelo Montoya había sido el primero en preocuparse por ella durante esos tres años. Tal como sucedió años

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