Capítulo 74 Un hedor a cadáver, de pésimo augurio
Mariana se dio la vuelta.
Al ver a Carlos con unas ojeras marcadas, se sorprendió un poco.
¿Había regresado anoche?
Ella había pensado que se quedaría toda la noche en el hospital acompañando a Kiara.
—¿Por qué anoche cerraste la puerta con llave? —Carlos la interrogó con el rostro sombrío, de muy mal humor.
Había llegado a casa cerca de la una de la madrugada.
Cuando intentó girar la manija de la puerta, se dio cuenta de que estaba cerrada con llave. En ese momento se sintió sumamente irritado.
Además, todas las camas de las demás habitaciones ya habían sido retiradas por Doña Bernal, así que no tuvo más remedio que irse al despacho y pasar la noche tirado en una silla, incómodo y de mala gana.
Mariana se encogió de hombros, con expresión inocente: —Ya había pasado la medianoche. Di por hecho que no regresarías. Por mi propia seguridad, cerré la puerta con llave.
Los ojos rasgados de Carlos se entrecerraron; la miró con frialdad.
¡Ella lo había hecho a propósito!
Mariana no volvió a p

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