Capítulo 13
Las palabras del policía resonaban una y otra vez en sus oídos.
—Tras el fracaso de la apelación, Thiago se suicidó en prisión. Dijo que ya era viejo y que no quería seguir arrastrando a su hija.
—Licenciado Óscar, en su momento pensamos en contactarlo, pero su celular siempre estuvo apagado. Por eso avisamos a la señora Amaya. ¿Ella no se lo dijo?
Cada frase era como una cuchilla afilada clavándosele en el corazón.
Dolía de forma insoportable.
En aquel entonces, aunque fue él quien envió a Thiago a prisión, siempre se había repetido que, cinco años después, iría personalmente a recibirlo y lo trataría con respeto filial.
Para entonces, haría que Amaya olvidara poco a poco aquellos recuerdos dolorosos.
Pero se equivocó. Thiago no llegó a salir de la cárcel, y Amaya tampoco le dio ninguna oportunidad.
Mientras caminaba sin rumbo, el cielo se abrió y empezó a llover con fuerza. Quedó empapado de pies a cabeza.
Ya no se distinguía si caían lágrimas o lluvia; sus sollozos quedaron ahogados

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