Capítulo 1118
Andrea no tenía un solo trozo de carne sana en todo el cuerpo; en efecto, había adelgazado muchísimo. Aunque hiciera una huelga de hambre, aquellas inyecciones de nutrientes seguirían manteniéndola con vida.
A veces, Alejandro la observaba fijamente y, al abrazarla, murmuraba: —Andrea...
Otras veces, simplemente parecía exhausto: la rodeaba con los brazos sin pronunciar palabra.
Andrea ya no lograba descifrar sus pensamientos; solo sentía que él se volvía cada vez más impredecible.
Ella se acurrucó entre sus brazos, sollozando en voz baja, mientras él se levantaba para ir a ducharse. —Cuando estés embarazada, entonces pararé.
Andrea yacía en la cama, cubierta con la manta, tan delgada que los huesos de su espalda casi sobresalían.
Escuchó un estruendo proveniente del baño: el sonido de un espejo haciéndose añicos. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces ocurría eso en un solo mes.
Cada vez que Alejandro, arrastrado por sus arrebatos, cometía un error con ella, rompía un trozo del e

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