Capítulo 1588
El hombre sonrió.
—Está bien. ¿Hoy cocinaste paella de mariscos? Huele delicioso.
—Sí.
Ambos conversaban como si no hubiera nadie más presente.
León realmente sintió que ya era momento de marcharse. Tal vez nunca obtendría respuestas a sus preguntas.
Se levantó lentamente y tragó saliva. —Luisa, entonces... Me voy.
Ella se quitó el delantal que llevaba puesto. —Te acompaño.
León pensó en decir que no era necesario, pero sin darse cuenta, asintió con la cabeza.
A su llegada, había venido en barco, ahora regresaría en helicóptero.
Este estaba estacionado a unos mil metros de distancia. Caminó lentamente hacia allí, y Luisa lo siguió como aquella vez en que ella era su sombra.
No sabía con certeza qué sentía. Debería haberle dicho que regresara, después de todo, alguien la estaba esperando allí.
Pero había preguntas que, si no se hacían, dejaban una sensación de insatisfacción.
León nunca había sido alguien tan contradictorio. Respiró hondo. —¿Sufriste cuando te fuiste aquella vez?
Todaví

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