Capítulo 1614
Una sonrisa curvó los labios de Sebastián, como si pensara que Daniela iba a decir algo. Efectivamente, ella habló.
—Sebastián, ¿te has dado cuenta de que los tacones son perfectos para esconder armas?
Sebastián se echó a reír de repente, apoyando una mano sobre su barbilla, sonriendo con cierta resignación.
Los ojos de Daniela reflejaban inocencia. —¿De qué te ríes?
Él negó con la cabeza, soltando un leve suspiro. —En realidad, no necesito que me protejas, yo también sé defenderme. En este momento, parece que soy yo quien te tiene atrapada. Tú podrías hacer muchas otras cosas si no estuvieras conmigo.
Ella se quedó pensativa, sopesando qué podría hacer, pero al final sintió que estar al lado de Sebastián era lo más divertido.
Sebastián regresó a casa y, como siempre, tenía que seguir trabajando en la pila de papeles que se acumulaban sobre su escritorio. Trabajó hasta la medianoche, y cuando finalmente se levantó, se dirigió lentamente a su habitación.
La habitación principal estaba a

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