Capítulo 12
Los gritos de furia estallaron en el salón. Castillo apretó los puños; sentía como si una enorme losa le oprimiera el pecho, colmándolo de rabia contenida.
Aprovechando el caos, Salomé se levantó del suelo y se aferró a la mano de Castillo.
—Todo fue una conspiración de Amaya. Sabía del accidente de Matías y aun así se negó a salvarlo. Solo esperaba este día para destruirnos.
Castillo la miró, la empujó con violencia y luego se volvió hacia Esteban.
—¡Inútiles! ¿Por qué no han podido encontrar a Amaya?
Esteban bajó la cabeza y respondió con vacilación:
—Es como si Amaya se hubiera desvanecido. No logramos rastrear su paradero en absoluto.
Castillo le dio una patada a la silla que tenía delante, volcándola.
—El descaro de Amaya es cada vez mayor.
Apenas terminó de hablar, un grupo de periodistas irrumpió; las cámaras se enfocaron de inmediato en Castillo.
—Se dice que usted fue infiel durante el matrimonio y que, por Salomé, hizo que otra persona cargara con la culpa, y que además mató

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