Capítulo 26
Salomé se plantó ante la puerta con el rostro completamente desfigurado por el odio, clavando la mirada en Amaya.
—Por fin los he alcanzado.
En su mano empuñaba un cuchillo y, como una loca, se abalanzó sobre Amaya para atacarla.
Amaya no tuvo tiempo de reaccionar: Castillo la arrastró detrás de él, evitando el golpe por un pelo.
Castillo miró a Salomé con el rostro sombrío.
—¿Cómo es posible que estés aquí?
Salomé lanzó una risa cargada de sarcasmo al observar su ropa destrozada y las heridas purulentas que cubrían su cuerpo.
—Me arrojaste a ese infierno llamado Casa ancestral. Si sigo respirando es solo para arrastrarte conmigo al infierno.
Al ver cómo Castillo protegía a Amaya tras su espalda, el odio de Salomé se desbordó por completo.
—Justo trajiste de vuelta a Amaya, perfecto. Así puedo enviarlos a los dos al infierno juntos.
Salomé sacó un encendedor del bolsillo.
Fue entonces cuando Amaya notó que el suelo frente a la puerta estaba empapado de gasolina.
Con una expresión enloq

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