Capítulo 11
Últimos diez segundos de la final.
El balón entró. El estadio estalló.
Leo fue alzado por la multitud; los gritos casi levantaron el techo.
Yo estaba sentada en un rincón de la grada, intentando escabullirme en silencio.
—Señora, por favor, quédese donde está.
Un reflector me iluminó de golpe. Me quedé rígida, sin poder abrir bien los ojos.
Leo se abrió paso entre la gente y caminó hacia mí.
Empapado en sudor, aún con el equipo puesto, sostenía el ramo de flores que simbolizaba la victoria.
Se detuvo frente a mí, respirando con fuerza; sus ojos brillaban.
El estadio entero se quedó en silencio. Todas las cámaras apuntaban hacia nosotros.
—Iris. —Su voz, amplificada por el micrófono, llegó a cada rincón.
—Las flores, yo, y esta victoria, son tuyas.
Y entonces, delante de todos, me tomó el rostro y me besó.
Las protecciones estaban frías y me apretaban, pero sus labios ardían.
Aplausos, silbidos, una ovación que casi hizo temblar el recinto.
Escuché exclamaciones; los disparos de las cám

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