Capítulo 14
Rebeca abandonó la Casa Delgado.
Vendió las joyas que Santiago le había regalado durante años
Reunió algo de dinero y, agotando todos los medios, logró finalmente, mediante el sitio oficial de la compañía de danza y algunos contactos, dar con la dirección y la forma de comunicarse con Elisa en el extranjero.
No dudó ni un segundo. Compró el primer vuelo disponible y partió de inmediato.
Siguiendo la dirección, Rebeca llegó a un edificio de apartamentos tranquilo y discreto.
Al presionar el timbre, sus manos temblaban sin control.
La puerta se abrió.
Elisa estaba en una silla de ruedas, con ropa cómoda de casa. Su rostro se veía más pálido que en los recuerdos de Rebeca, pero su mirada era serena.
Al ver a su madre, agotada por el viaje y con los ojos enrojecidos, Elisa se quedó claramente sorprendida.
—Elisa...
La voz de Rebeca se quebró; apenas pudo pronunciar su nombre.
Elisa guardó silencio unos segundos y, finalmente, se hizo a un lado para dejarla pasar.
El apartamento era pequeño

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