Capítulo 8
En un instante, todas las miradas se dirigieron hacia la entrada.
Varios estudiantes del conservatorio irrumpieron furiosos, levantando pancartas que decían [Los plagiadores deben pagar] y [El plagio es un delito].
La estudiante que encabezaba el grupo clavó una mirada airada en Sonia: —¡Descarada! Apenas adaptaste la obra más famosa de Verónica y aún la llamas original.
La sonrisa de Sonia se congeló al instante. Abrió los ojos con incredulidad.
Rafael dio un paso al frente de inmediato, colocándose delante de Sonia para protegerla: —Compañera, ¿de qué estás hablando?
—Esta canción, [El precio de la mentira], es una obra original de la señorita Susana.
—¿Original?
La estudiante soltó una risa fría y levantó su celular, reproduciendo la canción original de Verónica.
Cuando aquella melodía tan conocida resonó en el lugar, todos quedaron paralizados.
Ese ritmo, esa línea melódica...
¡Era exactamente igual a la canción nueva que Susana acababa de presentar!
Cuando terminó la reproducción,

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