Capítulo 8
María se había ido.
Solo quedaban dos hojas arrugadas.
Y una habitación vacía, sin rastro de nadie.
En un instante, la mente de Alejandro se quedó en blanco, como si toda la sangre de su cuerpo hubiera corrido a contracorriente.
Intentó mantenerse consciente, pero, en su aturdimiento, dio otro traspié y estuvo a punto de caer al suelo.
Recorrió el lugar con la mirada y entonces descubrió que todo en la villa había cambiado por completo.
La foto de boda de ambos en la entrada había desaparecido, y también habían retirado las decoraciones rojas que a ella le gustaban.
En la enorme villa, no logró encontrar ni un solo indicio de que María hubiera existido allí.
El corazón le dolía con espasmos insoportables. Al recobrar el sentido, sacó rápidamente el teléfono y llamó a su subordinado.
—¡Investiga de inmediato dónde está María!
En ese momento, la mirada de Alejandro resultaba aterradoramente feroz, y a su alrededor se cernía una presión asfixiante.
Rasgó en pedazos los papeles que tenía e

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