Capítulo 42
César, preocupado, extendió la mano y la colocó sobre la frente de Julieta.
Julieta, sin pensarlo demasiado, se acercó de forma instintiva.
Sin embargo, justo cuando estaba a medio camino, percibió con agudeza que el ambiente, que antes era bullicioso, se había quedado repentinamente en silencio.
Julieta miró a su alrededor, desconcertada, y se dio cuenta de que todos, en algún momento, habían comenzado a observarlos con miradas cargadas de burla.
En el asiento principal, Orlando y Catalina también la miraban. Uno con la mirada inexpresiva, y la otra con una sonrisa apenas contenida.
Especialmente Orlando.
Julieta nunca lo había visto mirarla con tanta severidad.
¡Él jamás miraba así a Catalina!
De pronto, Julieta sintió una punzada de inconformidad. El calor del momento la llevó a tomar una decisión impulsiva: giró ligeramente la cabeza y se acercó aún más.
Su cara quedó completamente apoyada en la palma de César.
—¿Qué tal?
Orlando entrecerró los ojos, aún más inexpresivo.
César se q

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