Capítulo 52
Era la voz de Orlando.
Giró la perilla; no se abrió, así que volvió a llamar a la puerta.
Julieta se envolvió en la colcha y abrió.
Él iba vestido de traje; tras un día entero de trabajo, seguía viéndose apuesto y llamativo.
Mostró su descontento. —Valentina dijo que no has salido, ni comido. No desayunas, ni cenas... ¿por qué tienes la cara tan roja?
Orlando la interrogó y su mano se puso sobre la frente de Julieta.
Hizo mala cara: —Estás tan caliente que podrías cocer un huevo. Ven conmigo al hospital.
Julieta respondió con desgano: —Iré yo sola; no quiero que vengas conmigo.
Orlando la miró y, sin más, la sujetó de la cintura y la levantó en brazos.
Julieta ya estaba mareada; al quedar con los pies en el aire sin aviso, ante sus ojos casi chisporrotearon estrellas.
Rodeó el cuello de Orlando con los brazos: —¿Qué haces? Bájame...
Orlando no le hizo caso; la llevó hasta abajo y la acomodó en el carro.
Julieta no tenía fuerzas para resistirse y se acurrucó abatida en el asiento traser

Klik untuk menyalin tautan
Unduh aplikasi Webfic untuk membuka konten yang lebih menarik
Nyalakan kamera ponsel untuk memindai, atau salin tautan dan buka di browser seluler Anda
Nyalakan kamera ponsel untuk memindai, atau salin tautan dan buka di browser seluler Anda