Capítulo 31
En cuanto la directora Rocío entró a la oficina, a Silvio le encantó de inmediato el ambiente de trabajo.
¡Guau!
¿¡Este era el entorno laboral que debía tener un secretario!?
¿¡Esta oficina no tendría al menos unas cuantas decenas de metros cuadrados!?
Un escritorio grande, una silla cómoda.
Un sofá amplio...
¡Incluso había una enorme pecera, dentro de la cual nadaba un pez largo cubierto de escamas doradas!
¡Definitivamente era una oficina de gama alta!
Tac, tac, tac...
Mientras Silvio observaba la oficina, se escucharon pasos afuera.
—Rocío, la llave de la oficina...
—Muy bien, Silvio, aquí tienes. A partir de ahora, esta oficina es tuya.
—Ajá, ajá...
Dijo Silvio, rascándose la cabeza sin poder evitarlo.
¡Se sentía como si estuviera soñando!
¡De ser un novato en el departamento de redes, de repente se había convertido en el secretario de la jefa del grupo!
¡Qué cambio tan repentino!
Recibió las llaves de la oficina de manos de Teresa, y junto con la del auto, las guardó en el mismo b

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