Capítulo 24
Ese hombre era joven y apuesto. En cuanto a porte y elegancia, no perdía ante él ni ante Ernesto.
Miraba a Rosaura con ternura.
Lo que más le dolió a Abelardo fue que Rosaura también le sonreía con la misma dulzura.
Fue hasta ese momento que por fin comprendió que la había perdido para siempre.
O tal vez... que en realidad nunca la tuvo.
Se quedó parado allí por mucho tiempo, hasta que la ceremonia de compromiso terminó, los invitados abandonaron el césped y regresaron al salón de banquetes dentro de la villa.
Entonces, de pronto, esbozó una sonrisa. Luego, se dio la vuelta... Y desapareció.
Después de que él se fuera, Rosaura le agradeció a Samuel con cortesía.
—Gracias por acompañarme en esta actuación.
En esos días, Gustavo solía ir cuando tenía tiempo a jugar partidas de ajedrez bajo un gran árbol junto al río Tajo.
Fue así, por casualidad, como conoció a Samuel, e incluso lo aceptó como alumno.
Al enterarse de que Abelardo seguía acosando a Rosaura, Samuel se ofreció a ayudarla re

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