Capítulo 12
Jaime partió tras recibir la orden.
Cipriano se quedó en su sitio, contemplando la prenda ensangrentada que yacía inmóvil en el suelo. La tenue luz del salón le confería un aura ominosa.
De pronto, sintió que aquella pequeña casa en la que había vivido durante años era tan amplia que le producía vértigo, y tan silenciosa que podía escuchar el torrente de su sangre y los latidos desenfrenados de su corazón.
No pegó un ojo en toda la noche.
La luz del estudio permaneció encendida hasta el amanecer, y el cenicero rebosaba de colillas de cigarrillo. Los hombres que había enviado empezaron a enviar reportes de regreso.
—Informe para el señor Cipriano: el tribunal confirmó que la señora Bianca acudió sola ayer por la mañana y recogió el certificado de divorcio.
—El periódico confirmó que la señora Bianca fue de madrugada, pagó una suma considerable y solicitó que hoy se publicara el anuncio de divorcio en la portada.
—En el crematorio... El personal de guardia dijo que ayer por la tarde todo

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