Capítulo 48
—¿Qué ocurre? ¿Estás bien? Tienes las manos muy frías. —Simón notó que algo no iba bien en Sara desde la aparición del señor Manuel.
—No pasa nada, Simón, entremos; creo que está haciendo demasiado viento. —Sara se dio la vuelta y dejó de mirar a aquella pareja.
Al otro lado, Manuel levantó la cabeza y, de un solo vistazo, alcanzó a ver la espalda de Sara cuando se giraba; su figura se quedó rígida un instante. ¿Era ella?
No, ella nunca se había arreglado así, y además parecía que había un hombre a su lado; ¡seguro que se había equivocado!
Al ver que Manuel no dejaba de mirar hacia la entrada del hotel, Antonia, que iba con él, siguió su mirada. Allí no había nada; se quedó un momento desconcertada y preguntó: —Manuel, ¿qué estás mirando?
—Nada, entremos.
Después de que Sara entrara con Simón, este tuvo que ir a saludar a algunas personas por compromisos sociales. Al notar que el ánimo de Sara no era muy alto, le dijo que fuera a descansar un poco por su cuenta y que luego iría a busca

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