Capítulo 48
Al ver lo nerviosa y cohibida que estaba, Federico dejó asomar una leve sonrisa en los labios; su voz, grave y magnética, acarició el aire: —Gise, sigues siendo igual de adorable.
Tan adorable que le daban ganas de tumbarla bajo él y deslizarla sin piedad.
Al oír que Federico la llamaba Gise, la mano de Gisela tembló; casi se le resbalaron los cubiertos.
Frente a ella, Federico soltó una risa baja y contenida, el pecho vibrándole suavemente.
Esa noche estaba de un humor excepcional.
Después de cenar, Federico le tomó la mano con total naturalidad.
Gisela sintió un frío suave en el dedo anular y bajó la mirada.
Un anillo de diamantes brillaba ahora en su dedo.
—Es mi regalo de San Valentín. —La voz ronca de Federico acarició su oído—. ¿Te gusta, Gisela?
El corazón de Gisela latía con fuerza. Respondió en un hilo de voz: —Sí... gracias, Federico.
El hombre levantó la mano y le revolvió el cabello con delicadeza, los ojos cargados de ternura. —Mientras te guste.
Gisela bajó la mirada; sus

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