Capítulo 56
Lo primero que llegó a su nariz fue una mezcla de ébano y agar combinado con el olor a tabaco.
Gisela arrugó la cara.
Federico acababa de fumar en la habitación; realmente no estaba de buen humor.
Antes de que ella pudiera reaccionar, el hombre cerró la puerta y la arrinconó contra ella.
Este cambio repentino hizo que Gisela se sobresaltara por instinto. —¿Señor Federico?
La habitación no tenía las luces encendidas, y Gisela no podía ver aquel rostro.
En la oscuridad, sus cuerpos estaban pegados estrechamente el uno al otro.
El corazón de Gisela se saltó un latido.
La voz baja y magnética de Federico sonó: —Viste a Felipe.
Era una oración enunciativa, no una pregunta.
Gisela sintió de pronto un poco de tristeza.
Así que él estaba de mal humor por su culpa.
—Sí. —Lo admitió.
—¿Todavía lo tienes en tu corazón? —El hombre murmuró junto a su oído, y sus labios cálidos rozaron levemente su lóbulo.
Nunca había estado tan cerca de Federico.
El lugar que él había rozado con sus labios se estre

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