Capítulo 84
Gisela presionó los labios y habló con cierta timidez: —No, no fue así, fue mi problema. Como no tenía experiencia, entonces...
Los ojos almendrados de Gisela eran tan puros que no contenían una mota de polvo, y en ellos se reflejaba el bello e impecable rostro de Federico.
Él alargó la mano y le revolvió el cabello con suavidad. Las comisuras de sus labios se curvaron en una ligera sonrisa tranquilizadora. —Cuando estés lista.
La miraba como si estuviera contemplando un tesoro.
Gisela lo sintió.
Unas suaves ondas se extendieron por el lago de su corazón.
Federico la respetaba, la valoraba.
Gisela estaba dulce y tímida; el estremecimiento y los sentimientos que había enterrado en su corazón muchos años atrás fueron despertados por Federico sin esfuerzo.
Esta vez, sus sentimientos hacia él llegaron con más intensidad y fuerza.
...
Cuando Felipe vio que Gisela lo había llamado por iniciativa propia, se encendió la esperanza en su corazón y creyó que Gisela había cambiado de idea.
Estaba

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