Capítulo 20
¡Dum, dum, dum! Ana escuchó el sonido de su propio corazón, latiendo con fuerza.
Mario no dijo palabras dulces, ni hizo promesas grandiosas, simplemente, como si estuvieran charlando, soltó unas palabras que la hicieron estremecer.
Nunca nadie le había dado una garantía como esa, ni nadie le había dicho algo como lo que él acababa de decir.
Ana, inconscientemente, giró la cabeza, se frotó los ojos y, con la voz ronca, dijo:
—Me ha entrado arena en los ojos, gracias por tu cariño, pero ahora mismo no quiero pensar en eso.
Mario la miró fijamente. En su mente pensó: "no importa, siempre estaré a su lado".
Durante la primera mitad de su vida, había sobrevivido a batallas, guerras y peligros, sin saber si al día siguiente moriría, sin tener ningún deseo de vivir. Pero desde que empezó a gustarle Ana, su vida parecía haber adquirido un propósito.
No le gustaba el automovilismo en sí, lo único que le gustaba era el auto que Ana conducía.
El club también había sido creado para ella, aunque no

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