Capítulo 127
Cerré los ojos, sin mostrar la menor emoción posible.
Cuando se burlaban de mí a mis espaldas, jamás tuvieron en cuenta mis sentimientos.
Yo nunca los había puesto en aprietos, pero en este asunto tampoco pensaba ceder.
Como no tenían otra salida, no les quedó más remedio que marcharse resignadas.
De repente, sonó el teléfono. Al mirar la pantalla y ver que era una llamada de Carlos, mis ojos se iluminaron emocionados y contesté enseguida.
—¿Carlos? —pronuncié su nombre.
Él dudó por un momento. —¿Sigues en la mansión?
Le respondí: —Sí, no me deja salir.
—Ya lo imaginaba. —Su tono era tranquilo, sin rastro alguno de emoción.
—¿Vas a venir a la fiesta de cumpleaños de Valeria?
—¿Y por qué tendría que ir?
Haciendo mala cara, encontrando su pregunta casi absurda. —¿Acaso parezco de esas que se apiadan de sus enemigos?
—Te aconsejo que vayas. —Parecía que estaba bebiendo otra vez.
Pude escuchar el choque de los hielos contra el vaso.
—¿Por qué? —no lograba entenderlo.
—¿Quieres acaso que to

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