Capítulo 55
Me escondí detrás de Carlos; en realidad, no quería que él me viera.
Pero, ya que lo había hecho, no tuve más remedio que salir y enfrentar su mirada.
—¿Tengo que avisarte adónde voy cada vez que salgo?
Salvatore caminó directamente hacia mí y me sujetó de la muñeca. —Vienes conmigo.
Volvió a presionar mi herida; cada vez que lograba recuperarme un poco, con él todo se venía abajo.
Aguantando el dolor, sacudí su mano con impaciencia. —Tengo cosas que hacer, vuelve tú primero.
—¿Qué cosas puedes tener tú? —sus ojos no se apartaban de mí.
Me di la vuelta, dándole la espalda. —De todas formas, tengo asuntos que no te incumben; no necesito que te metas.
Salvatore soltó una risa gélida. —Primero le regalas el Vino del Primer Amor, luego te encierras sola en su habitación... Bianca, ¿de verdad crees que tengo tanta paciencia?
Me giré bruscamente para mirarlo. —¿Puedes dejar de ser tan de doble rasero? Cuando tú estabas con Valeria, ¿acaso yo dije algo?
—¿Y no has dicho ya bastante? —Salvator

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