Capítulo 10
Esa misma noche, Raúl finalmente sucumbió a sus impulsos.
Aquella sensación de vacío y desorden no se disipó con las horas; al contrario, se magnificó en el silencio de la alcoba como una legión de insectos invisibles royendo cada uno de sus nervios.
Rememoró el tono de Malena en su última frase: tan sereno, tan implacable. No sonaba a un berrinche infantil, sino más bien a una... sentencia de muerte para su pasado.
Localizó un número secundario que rara vez utilizaba. Sus dedos vacilaron unos segundos sobre la pantalla antes de que, finalmente, la llamada empezara a emitir el tono de marcado.
El celular sonó durante una eternidad. Justo cuando estaba a punto de rendirse y su irritación alcanzaba el punto de ebullición, la llamada fue finalmente atendida.
—¿Hola? ¿Quién habla?
Al otro lado, respondió una voz masculina: joven, cristalina y teñida de una pereza indiferente. El ambiente era sepulcralmente tranquilo; apenas se percibía el eco lejano de una melodía suave.
Raúl se quedó géli

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