Capítulo 19
En la pantalla, emergió de nuevo el rostro de Malena, forzando una sonrisa mientras pronunciaba aquella frase teñida de llanto pero colmada de esperanza: "La fe mueve montañas".
¡Bang!
¡Raúl descargó un puño furioso contra la dura superficie del escritorio!
Un dolor lacerante, como si los huesos se hicieran añicos, le recorrió el dorso de la mano, pero no lo sintió en absoluto. Le ardían las cuencas de los ojos y un torrente cálido brotó sin control.
—Malena... —gimió con voz quebrada y ronca. Ante la pantalla, donde aquella joven de hace tres años lo miraba con devoción absoluta, no dejaba de suplicar. —Perdóname... lo siento... me equivoqué... de verdad me equivoqué...
Se había equivocado.
Un error atroz y garrafal, una falta sin remedio.
No era que no la amara.
En la posesión cotidiana y el desdén sistemático, se había vuelto ciego y arrogante. Dio su amor por sentado hasta que la familiaridad se tornó en hastío.
Con su frialdad y sus constantes agravios, fue extinguiendo el brillo

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