Capítulo 185
El beso de Javier llegó con una fuerza abrumadora, envolviendo por completo a Ana.
Los ojos muy abiertos de la joven comenzaron poco a poco a llenarse de una neblina de lágrimas; su cara se tiñó de un rojo intenso por la falta de aire, y solo cuando estuvo a punto de no poder respirar más, Javier la soltó.
Los ojos de él eran tan profundos que parecía que en ellos titilaban las estrellas. Su voz, grave y madura, llevaba un matiz seductor cuando dijo: —No está tan amargo. Está bien. Yo lo sostengo; tú solo bebe obedientemente.
—Oh...está bien.
Ana todavía aturdida. Empezó a beber el remedio a grandes tragos directamente del cuenco.
En ese momento, aunque Javier le hubiera pedido que lo hiciera sorbo a sorbo, ella no habría puesto la más mínima objeción.
Cuando terminó el medicamento, lo miró; y, como si de repente cayera en cuenta de lo ocurrido, se sobresaltó.
Ana soltó un pequeño grito y se escondió de inmediato bajo las mantas, cubriéndose hasta la cabeza.
¡Javier la había besado!
So

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