Capítulo 100 En su mente apareció Mariana
Los pasos de Carlos se detuvieron en seco.
Miró a Kiara, a quien llevaba en brazos, sin decir una sola palabra.
Ese silencio Kiara lo interpretó como una forma de consentimiento.
Los brazos que rodeaban el cuello de Carlos se tensaron levemente. Luego, ella se incorporó un poco y se acercó despacio a sus labios.
La distancia entre ambos se acortaba centímetro a centímetro...
Pero en ese instante, el brazo con el que Carlos la sostenía se soltó de repente.
Kiara perdió el equilibrio; sus manos se soltaron de manera instintiva y, cuando sus pies tocaron el suelo, dio un par de pasos tambaleantes, a punto de caer.
Tras estabilizarse con dificultad, alzó la vista hacia Carlos, con el rostro marcado por la incredulidad.
—Carlos...
El semblante de Carlos era serio: —Eso no debiste decirlo.
Kiara se quedó paralizada. Antes de que pudiera responder, la voz de Carlos volvió a sonar: —Soy un hombre casado.
—A partir de ahora, tú y yo también debemos cuidar más los límites.
Las palabras de Carlos

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