Capítulo 15 ¿Por qué tenía que ser la sangre de Mariana?
Mariana ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando Carlos ya la llevaba a rastras un buen tramo.
En cuanto reaccionó, le lanzó una mirada de pocos amigos y se soltó de un tirón: —¡Oye! ¿Qué te pasa? ¡Suéltame!
Carlos tenía el rostro desencajado por la angustia. Con un tono de voz cortante y autoritario, le soltó: —Kiara está herida y en el hospital se quedaron sin reservas. Necesito que le dones sangre ahora mismo. Y no pongas peros, que te voy a pagar cada centavo; no te va a faltar nada.
Al oír semejante descaro, Mariana soltó una carcajada llena de veneno.
Pero tras esa carcajada, sintió cómo una amarga frialdad le recorría el pecho.
No podía creer que, a estas alturas, Carlos la siguiera viendo como si fuera el banco de sangre personal de Kiara.
Lo fulminó con la mirada, con un desprecio total: —¿Y a mí qué me importa que esté herida? Mi sangre es demasiado valiosa; ella no se merece ni una sola gota.
Carlos endureció el gesto, perdiendo los estribos por completo: —Ponle precio d

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