Capítulo 29 Mariana, ¿todavía sabes volver a casa?
Por un momento, ese olor nauseabundo se esparció de golpe por el ambiente, invadiendo las fosas nasales de todos. La gente frunció el ceño y mostró expresiones de evidente repulsión.
Después de vomitar, Lautaro se encontraba en un estado lamentable. Sentía el pecho a punto de estallar; apenas logró incorporarse cuando, antes siquiera de poder decir una palabra, cerró los ojos y se desmayó.
—¡Lautaro, despierta! —Sus guardaespaldas se apresuraron a sostenerlo, llamándolo con evidente pánico.
Ante esa escena, la expresión de Carlos no cambió en lo más mínimo. Solo miró desde lo alto a Lautaro, ya inconsciente, y luego desvió la mirada hacia el guardaespaldas que había traído el licor momentos antes: —Ya que está borracho, el resto del alcohol lo beberás tú por él.
El rostro del guardaespaldas cambió de inmediato.
Al mirar la botella, todavía con casi la mitad del whisky, se le cayó el alma al suelo.
Sin embargo, como Carlos ya había hablado, por más reacio que estuviera, no le quedaba má

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