Capítulo 9 Arrodíllate y pide perdón
Al despertar esa mañana, a Carlos le resultó inconcebible descubrir que había pasado la noche dentro de la bañera.
Además, le dolía la parte posterior de la cabeza, la espalda, la cintura... en fin, todo el cuerpo se sentía fatal.
Mientras se bajaba de la cama para ponerse los zapatos, Mariana respondió con tono indiferente: —Te habían drogado. Temí que no pudieras controlarte y que intentaras aprovecharte de mí, así que dejarte inconsciente fue la mejor opción. En cuanto a por qué estabas en la bañera, era para que, cuando despertaras, pudieras echarte agua fría de inmediato.
Tras decir eso, curvó ligeramente los labios y sonrió con una expresión inofensiva: —¿No crees que fui muy considerada?
—¿Que yo iba a aprovecharme de ti? —Carlos soltó una carcajada sarcástica, como si acabara de oír el chiste del año. —Te tienes en demasiada estima.
Frente a su burla, el rostro de Mariana no mostró cambios, aunque en su interior no pudo evitar un leve pinchazo de dolor.
En ese momento, se oyó u

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