Capítulo 1696
Sebastián, en cambio, le sostuvo las manos con ambas; en sus ojos aún había un dejo de exaltación. —Antes fui yo quien estuvo mal; desperté demasiado tarde. Daniela, ¿podrías darme otra oportunidad? Durante todo ese tiempo he estado pensando en cómo compensarte y también tenía miedo de hacerlo de una forma directa y que notaras mis intenciones; entonces serías tú quien sufriría.
Daniela guardó silencio y, con el rabillo del ojo, miró a Lorena.
Ella estaba mirando a la niña.
Soltó las manos de Sebastián. —Primero trátate la herida de la espalda.
Bajó la cabeza; se arrepentía un poco de haberse dejado llevar por la emoción y de haberlo confesado todo con tanta claridad. Ya ni siquiera podía decir que había estado hablando sin sentido.
Sebastián, por supuesto, no estaba dispuesto a ceder; volvió a rodearla con los brazos. —Te lo ruego, no hagas esto. De verdad me gustas; si no, no habría considerado eso de la otra. Mi mamá me golpeó porque pensó que yo la estaba haciendo quedar en ridícul

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