Capítulo 10
En el puerto de Miami.
Amaya observaba la superficie del mar a través de la ventana, con una expresión indescifrable.
En ese momento, unas manos le tendieron un expediente.
—Esto es lo que te prometí en su momento.
Al ver en los documentos el cincuenta por ciento de las ganancias, Amaya mostró una leve sorpresa.
—Creí que lo acordado era solo vengarnos de Castillo.
Alejandro Pérez esbozó una sonrisa y se sentó frente a ella.
—Si ya decidimos colaborar, por supuesto que tengo que mostrar sinceridad. Al fin y al cabo, me tomó cinco años lograr que aceptaras venir.
Cinco años atrás, Alejandro la había buscado con la intención de que colaborara con él en el desarrollo de un nuevo fármaco contra la influenza.
Sin embargo, el laboratorio estaba en Seattle y, en aquel entonces, Amaya no quiso alejarse de Castillo, por lo que rechazó su propuesta.
Amaya sostuvo los documentos y luego levantó ligeramente la mano derecha frente a Alejandro.
—Imagino que ya sabes lo que me pasó. Mi mano derecha e

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