Capítulo 15
En Seattle.
Amaya estaba sentada en una silla, con dos gatitos recién nacidos acurrucados en su regazo.
Frente a ella había un cartel que decía: [Se venden gatitos].
De pronto, una figura se detuvo frente a ella.
—¿Y a la dueña de los gatos, la vendes o no?
Amaya alzó la vista y se cruzó con la mirada de Alejandro. Con un leve rubor en el rostro, miró alrededor y habló en voz baja:
—La dueña de los gatitos fue al baño. Yo solo estoy ayudando a cuidarlos un momento.
Alejandro se sentó frente a ella, despreocupado.
—¿Y luego?
Amaya, resignada, puso los ojos en blanco.
—¿Cómo es que antes no me di cuenta de que te gusta hacer bromas?
Alejandro se encogió de hombros y la miró con absoluta seriedad: —No estoy bromeando.
Amaya aún no sabía cómo responder cuando el celular sonó de repente, rompiendo la calma entre los dos.
Alejandro soltó una risa suave.
—Está bien; estaba bromeando. Contesta, anda.
Amaya por fin soltó el aire que contenía y atendió la llamada.
Apenas respondió, la voz apurad

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