Capítulo 383
Ángeles, al ver por primera vez al Calvo Asesino, supo de inmediato que era él, el francotirador que la había observado desde lo alto del balcón en el séptimo piso.
—¿Quién te envió?
Ángeles estaba sentada inmóvil en la cama del hospital. Su rostro estaba algo pálido debido a la gran cantidad de sangre que había perdido, lo que hacía por un momento que sus ojos oscuros y brillantes resaltaran aún más. En lo profundo de su mirada parecía arder una llama inextinguible.
El Calvo Asesino, reducido a esa lamentable condición, no tenía dudas sobre cuál sería su destino.
Estaba claro que iba a morir, así que decidió no decir ni una sola palabra.
Giró el rostro hacia otro lado y, con una sombría sonrisa, respondió:—¡Haz lo que quieras! Llévame a la tumba si es lo que deseas. He estado en este negocio durante años y, si tuviera miedo de morir, no me habría dedicado a esto.
Ángeles se levantó de la cama y se acercó cautelosa a él paso a paso. Se inclinó hacia adelante y, con la mano a

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