Capítulo 391
Además, era el tipo de persuasión humilde y suplicante.
Los subordinados, con la mirada fija en el suelo, evitaban el contacto visual. Todos tenían en ese momento un mal presentimiento.
Bajo esa extraña atmósfera, finalmente llegaron a Ríoalegre.
En ese preciso momento, en la mansión de la familia González, la señora Leticia giraba entre sus dedos un rosario mientras murmuraba oraciones con los ojos cerrados. Pero no importaba cuánto rezara, no podía calmar en ese instante su inquietud.
La anciana ama de llaves intentó consolarla un poco:—Señora Leticia, no se preocupe. Esta vez contratamos a un asesino muy capaz y ofrecimos más de diez millones como recompensa. ¡Seguro que lo logrará, definitivamente lo hará!
—Ojalá...
Respondió la señora Leticia, aunque sin convicción.
Sin embargo, pensándolo mejor, El Calvo Asesino no iba a enfrentarse a Emilio, sino a una simple muchacha que solo sabía de medicina. ¿Cómo podría fallar un asesinato así?
Debe funcionar, tiene que funci

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