Capítulo 22
—¡Mónica!
Mónica quedó aturdida un instante, y al girarse cayó de inmediato en un abrazo cálido.
Felipe la estrechó con tanta fuerza que su cuerpo temblaba, como si quisiera fundirla en sus huesos.
—Mónica, te busqué por todas partes. Pensé que tal vez no volvería a verte. Perdóname, no te protegí bien, fui yo quien te perdió.
Hacia el final, su voz también se quebró. En los tres años que llevaban juntos, Mónica había visto muchas facetas de él: su serenidad, su humor juguetón, su risa abierta, su ternura, pero nunca lo había visto así.
Frágil, culpable, temeroso, abrazándola como si fuera un tesoro recuperado, con miedo a que volviera a desaparecer.
—Felipe, no te culpo. Si hay alguien a quien culpar, es a Ramiro y a sus intenciones.
El escozor en el pecho se extendió, nublándole la voz. Negó despacio y lo abrazó. Luego alzó la mirada hacia sus ojos enrojecidos y, acariciándole suavemente, dijo: —Yo también te extrañé mucho.
Por más que Ramiro intentara tratarla bien, él no era el hom

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