Capítulo 10
—¿Alejandro?
Carmen no sabía qué había ocurrido; estaba completamente desorientada, palpando a su alrededor presa del pánico, con un dejo de desolación en la voz.
—Alejandro, ¿acaso te resulto molesta?, ¿crees que te he causado problemas?
La escena quedó suspendida por un instante en un silencio absoluto.
Al cabo de un momento, Alejandro habló con frialdad y rompió el mutismo.
—Carmen, te doy una oportunidad para que lo expliques.
—Alejandro, ¿de qué estás hablando? No entiendo.
Frente a él, Carmen forzó una sonrisa; el corazón se le hundió de golpe.
Instintivamente frunció los labios y, fingiendo ingenuidad, avanzó a tientas para tomar la mano de Alejandro.
—Alejandro, ¿será que hice algo que disgustó a la señorita María y por eso ha vuelto a difamarme?
Carmen intentó explicarse, pero se quedó rígida en el instante en que su mirada alcanzó las fotografías sobre el escritorio.
En ellas aparecían sus tratos con el supuesto secuestrador, las pruebas de que había instigado a otros a arrui

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