Capítulo 8
La esbelta cintura y las largas piernas de Orlando volvieron a robarle el sueño a Julieta.
Cuando despertó, eran las tres de la madrugada. Las sábanas estaban tan revueltas como su cabello, y hacía apenas un momento, Orlando había culminado la quinta ronda de batalla.
Cada vez era más brutal y feroz.
Su cintura podía resistirlo, pero la de Julieta ya no aguantaba más...
Julieta entreabrió los párpados y se incorporó con dificultad. Las prendas y pañuelos esparcidos por todo el suelo la hicieron sonrojarse.
Con las piernas temblorosas, se obligó a bajar de la cama, abrió una rendija de la ventana para dejar salir el ambiente cargado de pasión que aún flotaba en la habitación.
El hombre dormía profundamente.
Pero al sentir la brisa fría de las tres de la mañana, el poco sueño que le quedaba se disipó casi por completo. Se puso una prenda encima y se sentó en el sofá.
Miró a su alrededor y se dio cuenta, con sorpresa, de que estaba en su propia casa.
Soltó una sonrisa irónica y negó.
Tení

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