Capítulo 13
Ni siquiera Isabella se había imaginado que las cosas terminarían así.
Tiró suavemente del brazo de Abelardo y, en un susurro apenas audible para ambos, habló:
—Abelardo, no puedes rendirte así. Di que fue ella quien te sedujo. ¡Tienes que demostrar que es una mujer infiel!
Instintivamente, Abelardo quiso negarse.
Pero al ver los ojos de Isabella, esos ojos que siempre irradiaban seguridad y vitalidad, ahora llenos de ansiedad y súplica, vaciló.
Recordó aquel accidente automovilístico de años atrás. Todos temieron por sus vidas y nadie se atrevió a rescatarlo.
Solo Isabella se arriesgó para sacarlo del auto.
Sus ojos estaban cubiertos de sangre y no podía ver claramente su cara, apenas logró distinguir que sus manos estaban empapadas mientras lo rescataba.
Poco después de haberlo sacado, el auto explotó.
Un segundo más y habría muerto entre las llamas.
Su vida se la debía a Isabella. Hacer algo en contra de su voluntad, pronunciar palabras que no sentía por ella...
Le parecía lo correc

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